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Imagen: Cristian Gundtoff

Por: Enara Amarillo y Gabriel R.Ojeda

Fuente: www.diijoma.blogspot.com

El proceso de desarrollo de un niño es un proceso de caos, hay miles de teorías que definen ciclos vitales que para los niñas y niños de hoy día son poco aplicables.

La educación que comienza en casa tiene como base algo muy simple y casi invisible, el caos es conocido para todas las madres y padres que viven con niños, nos acostumbramos a dormir poco, a hacer mil cosas al mismo tiempo efectivamente, a responder con rapidez preguntas simples y en su mayoría complejas que para nuestros hijos son básicas para entender el mundo en el que viven; Sin embargo este caos “permitido y conocido” dentro del proceso de la crianza pocas veces pasa por enfrentarse al verdadero caos que tratamos de evitar a toda costa y creamos pequeños y cómodos cubos para entender la realidad que nos abruma y la de nuestros hijos .¿Qué pasa cuando el niño o la niña no se desarrolla como dice el pediatra o como los otros niños?, ¿ Qué pasa cuando los niños no resultan ser lo que queremos o como lo esperábamos?, ¿Qué pasa cuando no queremos mediar con los parámetros sociales educativos y además tenemos que hacer profundos cambios?

Hoy después de 2 años y casi un mes de haber tomado la decisión de educar en casa, me encuentro con varios cuestionamientos que en ese tiempo solo pasaban vaga y resignadamente por mi instinto materno y cómodamente se acomodaron en silencio por la inseguridad de creer  que los padres podemos hacer mucho más por nuestros hijos que otras personas a las que hemos delegado lo básico.

Este ha sido un proceso de navegar en el caos mientras danzamos con nuestros dragones tal como lo es un proceso Dragon Dreaming, este es el día a día de la educación en casa. Nos hemos enfrentado a no cumplir horarios, ni tareas y si a tener muchas actividades, varios momentos de quietud, días agitados de salidas que terminan con sorpresas y otros días de cansancio; es muy fácil obedecer a lo establecido, levantarse subir a la ruta, llorar porque los pollitos están creciendo, recoger el informe y mirar que tan adaptados están a su ciclo vital, suspirar y sentir que cumplimos; no es tan fácil permitir la autorregulación, dejar que cada uno encuentre su actividad que puede durar mucho o demasiado poco, encontrar un momento de quietud y enfrentarse al vacío y brote la tristeza que nos incluye a todos, porque los días tranquilos son muchos y los momentos caóticos ocupan mucho espacio. Navegar en el caos ha sido respetarlos como seres humanos en desarrollo que está en continuo proceso de caos, hoy sale un diente, mañana ninguno, hoy estas feliz y tranquilo, mañana o dentro de 15 minutos estás cansado de tanto pedido, demanda, atención y conversación curiosa; hay periodos de cambio profundo que en los niños se nota más, su sensibilidad al cambio es el termómetro en el que medimos que tan conectados estamos tanto en sus procesos como en los nuestros.

El caos permitido, hoy no creería que pueda llamarse caos, lo llamaría “la vida cotidiana con niños”, el caos es el momento en que salta la desesperación de la madre o el padre, es el momento en que el hijo no responde a nuestras demandas, es el momento en que al niño se le adapta a cumplir con una jornada escolar que se parece más a una jornada laboral para encontrarse con personas que no están muy realizadas con su trabajo, que en su mayoría mal pagas y con mucha frustración hacen gran esfuerzo por cumplir su deber; el caos viene cuando se le delega a otro fuera de nosotros nuestra autoestima y aceptación según nuestros logros, el caos viene de entrar en competencia brutal para un mundo que no está en equilibrio, que no educa para la felicidad; este es el verdadero caos, cuando los niños no responden y sanamente surge en ellos brotes psicóticos, la tan famosa y discutible hiperactividad, la bipolaridad infantil, el autismo y su espectro que crece cada día, la esquizofrenia infantil y el trastorno de oposición; lo llamo sano porque es la manera desesperada de un niño o niña de gritar ayuda y decirnos a todos nosotros que algo no está funcionando porque los niños siempre no literal y verbalmente y si de alguna u otra manera dicen la verdad; como no es este el verdadero caos cuando vivimos en un mundo hiperactivo, en profundo vacío y depresión, todos corriendo, todos compitiendo por evitar una sola cosa “el caos no permitido”, esa locura que cuando paramos no podemos estar en paz, porque estar desocupado es ser improductivo por lo tanto inservible para esta sociedad. Este caos que los niños gritan con sus diversas formas directas o indirectas que el mundo necesita un cambio que quizás a los adultos no nos cabe en la cabeza y necesitamos crear cubos de trastornos psiquiátricos, medicinas que dopen el momento a pesar de sus efectos colaterales nuestra mente cortoplacista insiste en que apaguemos el incendio porque la sequía interna nos puede estar matando de tristeza.

Hoy pienso que el sistema educativo tiene que volverse a hacer y en eso concuerdo con el psicoterapeuta chileno Claudio Naranjo en su libro Cambiar la Educación para cambiar el mundo y con algunos grupos de educación y crianza que ya aplican sus ideas: no hay reforma alguna que baste porque el problema de raíz es el miedo, la competencia, el gana-pierde, la depredación entre humanos y a la tierra; además me sumo hoy a este movimiento de educación en casa añadiendo que el miedo al “caos no permitido” nos mantiene en un caos innecesario, en violencia, en guerra, creando relaciones humanas insanas donde aprendemos a competir para sobrevivir ignorando al otro y a nosotros mismos, ignorando a nuestros hijos desconociendo lo que son para que den gusto a necesidades olvidadas que ellos obedientemente compensan.

Después de 2 años y un mes de educar en casa y asumir solo dos roles de los 1000 que creía “deber y tener que asumir”, ser mamá y mujer es el caos que más dragones me ha enfrentado, porque este caos que creamos hace miles de años que denominamos cultura patriarcal nos tiene a todos atrapados en un statu quo que solo asumiendo lo nuevo y soltando con mucha valentía las viejas maneras que, está demostrado no funcionan, pueden sacarnos del letargo.

Si de lo que se trata entonces criar y educar, es de ayudar  al hijo a ser mucho más de lo que puede llegar a ser es necesario soltarlo y que su destino deje de ser el sueño de los padres. Si los padres somos conscientes que el mejor proyecto es el que se construye en colectivo, en algún momento de ese caos que llamamos crianza y educación, va a ser esencial confiar en la vida, en la tierra y conviene dejar que el aire que respira nuestro hijo sea el que lo guíe, porque ese aire no es otra cosa que la propia tierra queriendo que con cada respiración el ser se manifieste y ese flujo que no está exento de caos es donde el ser va a crecer. Así comienza un proyecto Dragon Dreaming y así es también el nacimiento y la crianza para los aborígenes australianos en quienes está inspirado, para ellos soñar al hijo es esencial porque así se podrá escuchar la canción que lo acompañará el resto de su vida, si eso se sabe hacer bien, el resto de la vida el hijo solo tendrá que volver a recorrer sus líneas de canción cuando esté perdido del ser y entonces encontrará siempre el mejor  camino.

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Psicoterapeuta, tarólogo evolutivo y facilitador de procesos humanos. Atiendo consulta. Director de la Corporación Dijoma. Dirijo y asesoro proyectos de desarrollo humano, familiar, proyecto de vida. Acompaño empresas y organizaciones en gestión del cambio, conformación de equipos de alto rendimiento, proyectos. Realizador audiovisual por amor al arte.